 |  J.Peregrina Los orgullosos protagonistas de un Amor Real |
Por Gerardo Pérez Fonseca,
Univision Online
Fue una noche lluviosa - de las más mojadas del año - en un pequeño pueblo de ficción, construido dentro de la Ciudad de México. Pero para los protagonistas y la productora de Amor Real no podría haber noche más cálida. Noche de estreno, de romance, carruajes y caballos, vestidos largos y trajes militares entallados. Las mujeres con bello tocado, los hombres con pistola al cinto, y todos con las ganas de triunfar muy en alto.
Noche de amor
Los trajes y corbatas modernos y las luces de los incesantes flashes contrastaron con los vestidos holgados, los trajes de caballería y los relámpagos de la noche. Uno a uno, las estrellas de Amor Real fueron tomando el escenario y apoderándose de los aplausos.
De atrás para adelante, según los créditos de la telenovela, aparecieron primero actrices y actores como Mariana Levy - con una caracterización sorprendente - Maya Mishalska, Luis Xavier e Ingrid Martz.
Llegó el turno a los actores de soporte. Orgullosos de sus vestidos y trajes de época fielmente recreados, las sonrisas de Lety Calderón, Rafael Rojas, Harry Geithner, Chantal Andere, Ernesto Laguardia y Helena Rojo demostraban su alegría por estar en un proyecto de la realizadora Carla Estrada.
Finalmente, las estrellas ya no tan juveniles de esta telenovela caminaron hacia el escenario. Orgullosos y solemnes, Mauricio Islas, Fernando Colunga y Adela Noriega llevan el peso de esta historia.
Llevan mensaje
Tras mencionar que esta producción ayudará a crear conciencia en el público sobre el problema de la desnutrición infantil, los actores e invitados liberaron cientos de mariposas en una señal de esperanza y buena suerte.
La convivencia siguió por largo rato, los abrazos y saludos no se hicieron esperar. La lluvia amainó pero los ánimos de los actores no, a pesar de lo incómodo de sus vestuarios.
Loa más amables con la prensa y amigos fueron Adela Noriega, Fernando Colunga y Harry Geithner. Mauricio Islas y Chantal Andere, algo incómodos por sus vestuarios fueron breves en sus respuestas.
Sin duda una noche donde el padre tiempo se detuvo, donde el México colonial y campirano se sintieron, aún en medio de una ciudad detenida por el tráfico y la incesante lluvia, demostrando que los sueños, como el amor, pueden ser reales.

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