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El atractivo gótico de la institutriz
No obstante, varias telenovelas han utilizado el esquema gótico y oscuro creado por Charlotte Bronte para narrar la historia de madres sustitutas que cambian la vida de los niños que cuidan y que desarrollan un interés sentimental por sus patrones. Las características de estas historias incluyen una mujer huérfana con un pasado complicado que funge de maestra, institutriz o incluso nana de una criatura adinerada, pero carente de afectos y expuesta a múltiples negligencias.
La historia puede tener diversas variaciones. La madre sustituta puede ser una extraña que reemplaza a otra mujer que es su clon. Esto ocurría en La Usurpadora y de la Otra. El patrón puede ser viudo como Humberto Zurita, en Alguna Vez tendremos Alas; casado como en el caso de Gabriel, de Mundo de Fieras; divorciado como Saúl Lisazo, en Vivo por Elena ; o, incluso como Rochester en Jane Eyre, el héroe tener una esposa oculta en algún lugar.
Lo importante es que la heroína debe traer, como Jane Eyre, un pasado de carencias afectivas y orfandad que le permita acercarse a la criatura a la que debe amparar. Mariangela, de Mundo de Fieras, no ha conocido a su padre y viene cargando el sufrimiento de tener, tal como Luisito, una madre que sufre de una enfermedad mental. Carlota, de La Otra, podía entender a Natalia porque ambas habían sufrido en carne propia el martirio de tener una mala madre. Su pasado de miseria y abusos predisponía a Ana, de Alguna Vez Tendremos Alas, a proteger a Alejandra.
Existe una versión de Jane Eyre hecha para telenovelas a fines de los 70’s. Se llamó Ardiente Secreto y fue el primer estelar de Daniela Romo. Joaquín Cordero era su atormentado patrón, quien en el México porfiriano buscaba casarse con la institutriz de su hija, pero sin contarle que tenia una esposa alcohólica encerrada en el desván.
Uno de los mejores ejemplos de este síndrome Jane Eyre se dio en la excelente El Manantial del Milagro (1974) del dramaturgo Vicente Leñero. Adaptada por la sin par Fernanda Villeli, maestra de la telenovela gótica, El Manantial describía las aventuras de Matilde (Julissa) una maestra de escuela que tras la muerte de su madre y la traición de su novio ingresaba a un convento. Obligada a abandonar sus votos, Matilde terminaba de institutriz en casa de Pablo (Enrique Álvarez Félix), un millonario atormentado que, tal como el Rochester de Jane Eyre, tenía una esposa demente, una hija que posiblemente había heredado la enfermedad materna, una mansión misteriosa, y una familia siniestra.
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